miércoles, 24 de febrero de 2010

Hoy...

Ninguna medalla, ningún título, ningún posgrado, vale tanto. Es digna de honra. ¿Qué? Tu cicatriz. Allí: en el centro del pecho. Las mejores personas que hayas conocido, seguro que la tienen. La que obra con dignidad, la que es capaz de compasión, la que ejerce una sabiduría que no está en los libros... En algún momento la vida patea las puertas del pecho, lo allana, lo requisa, lo saquea... Y hay quien se queda así: tapa el pecho, lo sella con múltiples cerrojos, y va dejando que se le vuelva un sótano húmedo, lleno de cosas viejas. Pero hay quien, a pecho abierto, decide aprovechar la circunstancia para volverse... más completo, y más humano. Toma aguja e hilo y, pacientemente, con la ayuda del tiempo, va juntando sus pedazos, y borda en su pecho la más honrosa cicatriz.

Pero cuidado: cuando uno está recién devastado, puede confundirse, al escuchar las seductoras voces de la oscuridad: "Esto es para siempre...", "Nunca más se cerrará...", "Nadie nunca ha sufrido tanto...", "Te lo tienes merecido, pues hiciste todo mal".... Por favor, si es así... NO LES CREAS, aunque te lo sigan diciendo. Son como los monstruos de utilería del Tren Fantasma, que espantan con sus máscaras en los parques de diversiones... Tu situación es otra: es como si fueras por la ruta de noche, y atravesaras un largo túnel subterráneo en el cual se ha cortado la luz; y te da miedo: parece que nunca va a terminar; sin embargo, ningún túnel es infinito, aunque te parezca que estás tardando demasiado en salir. Hay afuera. Hay horizonte. Pero es natural que no lo veas mientras estás mirando hacia adentro para suturar tu herida. Si es posible, estate cerca de quienes te lo recuerden: otros que ya hayan curado su propia cicatriz.

Y el tiempo pasa. Y si uno está dispuesto a no juntar moho, a no convertirse en un sótano viviente, la luz del sol penetra, cierra los tejidos de un modo insospechado. Hipócrates decía que el cuerpo tiene una naturaleza medicatriz: una inteligencia que hace que sus lastimaduras se auto-reparen. Y si el cuerpo está provisto de esa inteligencia, ¿cómo no va a estarlo lo invisible que lo anima? Aunque no sepamos cómo hacerlo, nuestro Inconsciente sí: él tiene ese don auto-reparatorio, y trabaja día y noche para que volvamos a pararnos sobre nuestros propios pies. Sólo hay que ayudarlo: confiar en el proceso, no encerrarse, no aislarse, no creerle a las voces de la oscuridad... Y a medida que se va saliendo del túnel, aprender a honrar la herida. A convertirla en parte de tu más preciado

...Renacer.


M.R.U. en memoria de su amado hijo.

viernes, 1 de enero de 2010

01.01.10

Tal vez podría comenzar con el fin, o el inicio de un caos vacio, de aquellas crisis existenciales que todos solían tener en aquellos tiempos en que delicadas sabanas tejidas a mano adornaban camas talladas en madera fina, en que espejos fabricados por artesanos de la corona descansaban lujosos en habitaciones iluminadas solo gracias a ventanales que una dama tenia prohibido abrir.
Aquellos ojos podrían atraer al cielo completamente en si mismo, sumisos y cálidos en invierno, aquellos ojos, que jamás dejaban caer lagrimas al ver todos sus caprichos cumplidos. Sus labios, jamás habían sido tocados por el amor, su piel blanca, fresca y lozana no cargaba aun con las cicatrices de la vida.

domingo, 20 de diciembre de 2009



El Beso. Gustav Klimt.

Une pause ... miracle.

Sus manos se extendían cálidas por mis frías mejillas, su mirada... aquella mirada podía ablandar hasta el mas duro corazón, tanta calidez, tanto amor. Con aquellas manos tibias, derretía el hielo de mis labios.

martes, 15 de diciembre de 2009

El encuentro es el principio de la despedida.



Biscie Dacqua - Gustav Klimt.


Dulce, aun puede ser dulce o amargo, así como la ultima hoja que cae en otoño para traer al frío invierno que destrozará cada uno de los pétalos de aquel frágil y cálido amor.Y aún así, hasta el más miserable suspiro puede regresarte el aire de vida y un beso robado devolver a las flores muertas que descansan, la belleza.
 

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